Nota publicada Diciembre 2025
Nota publicada Diciembre 2025
Una lectura del Universo de Gianna Tesone
"Cuando el silencio respira"
Hay artistas cuya obra se construye desde la resolución técnica, otros desde la teoría, y otros desde una voluntad insaciable de explorar sensorialmente el mundo. Gianna Tesone nos convoca a pertenecer a una categoría distinta: aquella en la que la práctica surge de una arquitectura interior que se expande, se fractura y vuelve a recomponerse en diálogo con cada experiencia vital. Su obra no solo responde al mundo, lo estudia, lo encarna y lo trasciende, con una sensibilidad que une cuerpo, espiritualidad, psicología y rigurosidad conceptual.
Orígenes: la educación como materia viva
Su formación artística no puede describirse mediante una línea recta ni un itinerario académico convencional. Más bien se trata de un mapa constelado, marcado por momentos de intuición, estudio formal, encuentros transformadores y una temprana relación con la naturaleza que funcionó como su primer museo.
De niña, el mundo exterior era una especie de laboratorio sensorial. Pasaba horas observando texturas, movimientos, ritmos y silencios. Allí se gestó un impulso creativo que no nació del deseo de “hacer arte”, sino del impulso de comprender por qué las cosas son como son; por qué la luz cae de cierta manera, por qué el cuerpo vibra ante un sonido o una imagen puede herir o sanar.
Pero el punto de inflexión llegó después, ya graduada, cuando inició un proceso de mentoría con el artista Ty Nathan Clark. Esa experiencia fue una etapa de afinación profunda, un momento en el que la técnica se encontró con el propósito, y en el que el virtuosismo formal cedió terreno a una búsqueda conceptual más radical. El diálogo con Clark abrió puertas, horizontes y redes globales, mostrando que la práctica artística es una conversación continua con otros, incluso cuando el trabajo ocurre en soledad.
Los desplazamientos como método
Los últimos años de su vida estuvieron marcados por una movilidad intensa: vivir en distintas ciudades, residir en New York, viajar al extranjero, exponer fuera de su país y vincularse con artistas de diversas culturas. Para algunos creadores, viajar implica ruptura, para Gianna, expansión. Cada desplazamiento devenido es un ejercicio de percepción y una forma de escucha.
Pero no todo movimiento es geográfico; en su camino también hubo desplazamientos internos: crisis de salud, quiebras emocionales, silencios obligados y momentos de pausa. Esos episodios, lejos de interrumpir su práctica, la obligaron a repensar, a reorganizar prioridades, a entender la fragilidad como un espacio de apertura. Allí aprendió a cultivar una forma de paz que no depende de lugares, personas o instituciones, sino de una conexión íntima con lo divino. Aprendió, también, a reconocer su cuerpo como templo, una idea que luego evolucionaría hacia una noción más amplia: el cuerpo como catedral.
La evolución de una obra que respira
En sus inicios, su obra tenía amplitud propia de todo comienzo artístico, exploratoria, múltiple, intuitiva, incluso ingenua. Con el tiempo, esa expansión inicial se fue desgastando hasta revelar un lenguaje más nítido, más concentrado, y, sobre todo, más honesto. Ella misma describe este proceso como el envejecimiento de un buen vino o la formación lenta de un diamante: algo que requiere tiempo, presión y voluntad.
La evolución no eliminó la emoción inicial, pero sí la transformó. Ahora la emoción está anclada en un propósito, sostenida por una estructura interna que permite que cada obra respire y se expanda con coherencia conceptual. Su práctica ha alcanzado un grado de madurez que no clausura la experimentación, sino que la encamina hacia territorios más profundos.
La tensión como campo de creación
Para Tesone, el proceso creativo más rico ocurre cuando dos fuerzas aparentemente opuestas se encuentran: una pregunta conceptual desafiante y un problema técnico complejo. Ese encuentro genera una fricción fértil. No se trata de evitar la dificultad, sino de atravesarla; eso se convierte en método, en un modo de habitar el proceso con presencia, autocrítica y sensibilidad. La tensión es su obra, no es un obstáculo. es un motor.
La coreografía entre intuición y estructura
Su práctica se organiza como una danza entre dos impulsos: Uno intuitivo, visceral, somático, ligado a energías culturales, emociones fluctuantes y símbolos que emergen antes del lenguaje. Y otro estructural, analítico, metodológico, que organiza y le permite desplegarse.
Gianna no concibe la intuición como un impulso caótico, sino como un conocimiento encarnado que requiere estructura para hacerse visible. Entiende la estructura como un puente; su obra es, así, una coreografía entre el pulso femenino, no lineal, y una lógica arquitectónica que da forma al impulso vital.
El cuerpo como catedral: un eje conceptual
Uno de los territorios más poderosos de su investigación actual es el cuerpo humano como espacio sagrado. Ya no como mera anatomía, sino como una construcción espiritual y metafórica que guarda memoria, emoción y energía.
En su visión, el cuerpo funciona como una catedral contemporánea: un lugar donde resuenan ritmos ancestrales, traumas, deseos y experiencias invisibles. Explora cómo esa corporeidad se entrelaza con imaginarios culturales, estructuras perceptivas y nociones de lo sagrado. Gianna Tesone invita al espectador a pensar su propio cuerpo como un archivo viviente, un espacio ritual, una arquitectura sensible donde se cruzan lo íntimo y lo monumental.
Aunque cada obra nace de una investigación precisa, ya sea teoría, psicológica o sensorial, Tesone invita a imponer una lectura única. Prefiere que el espectador actúe como coautor, que traiga su memoria y su subjetividad al encuentro. La obra, sostiene, no está hecha para dictar, sino que está hecha para abrir.
El arte como herramienta de diagnóstico cultural
Para la artista, el arte contemporáneo actúa como un sismógrafo social. Registra cambios, desplaza certezas, analiza comportamientos. Y aunque considera que el término “contemporáneo” ha alcanzado un punto de saturación, sostiene que estamos entrando en una nueva fase creativa donde múltiples disciplinas responden a tensiones culturales emergentes; donde el arte no solo observa el presente, sino que revela las corrientes profundas que lo sostienen.
Galerías, representaciones y un ecosistema en mutación
Gianna se encuentra en una etapa de expansión profesional donde crece, experimenta y redefine la manera de vincularse con las instituciones del arte. Su relación con galerías ya no responde a la urgencia de exhibir, sino a una búsqueda de afinidad ética, conceptual y humana. Busca una alianza que se sostenga en valores compartidos y visión común.
Sostiene que el ecosistema de galerías no está en declive, sino en transformación. Y que dicha transformación es saludable, ya que, abre nuevas formas de soberanía y colaboración, especialmente entre galerías medianas y proyectos independientes.
Su apuesta actual es la autonomía: dirigir su práctica desde su sitio web, gestionar sus propios datos y cultivar una red internacional que nazca del contacto humano.
Arte y ciencia: un nuevo horizonte
La artista se aproxima a una etapa crucial: la integración entre arte y neurociencia. Recientemente aceptada en un programa de posgrado que iniciará en 2026, se encuentra en plena transición hacia una metodología más investigativa. Su interés se orienta hacia la neuroestética, la percepción encarnada, los estudios sobre temporalidad y la creatividad como fenómeno cerebral y espiritual.
Este desplazamiento intelectual promete transformar su obra de manera profunda, abriendo futuros cuerpos de trabajo que integrarán rigor científico y sensibilidad estética.
Proyecciones: un arte en diálogo con el mundo
Su visión a cinco años es ambiciosa y plenamente integrada, busca una práctica que fluya entre investigación académica y creación artística; proyectos con impacto social y pedagógico; exposiciones basadas en investigación, colaboraciones internacionales; y una participación activa en iniciativas humanitarias.
Concibe el arte como un puente entre comprensión y transformación, entre belleza y reparación cultural.
El éxito como alineación íntima
Para Gianna Tesone, el éxito no se busca, sino que se habita. No depende de números ni de reconocimiento externo, sino de permanecer fiel al propósito, al valor y a la integridad. Todo lo demás (ventas, impacto, visibilidad) llega como consecuencia, nunca como objetivo.
El éxito es, en su visión, un estado de coherencia.