Nota publicada Noviembre 2025
Nota publicada Noviembre 2025
La poética visual de Alejandra Arroyo
"El mundo que insiste en nacer"
En la obra de Alejandra Arroyo, la imagen funciona como una puerta entre mundos: lo que vemos y lo que quisiéramos ver, lo que mostramos y aquello que ocultamos casi sin querer. La artista no registra la realidad: la reformula, la reescribe. la altera para que revele algo esencial. Su lenguaje visual es, en el fondo, una forma de hacer visible lo que insiste en nacer.
Desde su infancia, Arroyo sintió que habitaba un territorio propio, paralelo al cotidiano. Mientras su entorno parecía transitar lo real sin fricciones, ella se detenía a mirar lo que se escapaba del guión: los gestos mínimos, los silencios incómodos, las preguntas que nadie hacía. Inventaba escenas, creaba ficciones domésticas, disfrazaba a quienes la rodeaban para ensayar nuevas posibilidades. Con el tiempo, el diseño y la fotografía ofrecieron un marco para todo ese mundo interior, descubrió que su lugar estaba en la imagen, en construir universos y no solo habitarlos.
Hubo una cadena de pequeñas certezas, no un único clic cinematográfico. Pero recuerda una escena fundante: la primera vez que vio una obra suya ampliada y enmarcada en una sala, una persona se detuvo, retrocedió y volvió a acercarse a la imagen como quien reconoce algo íntimo. Esa reacción, ese pequeño gesto de reconocimiento, selló la convicción. “Comprendí que no se trataba solo de hacer fotos lindas, sino de compartir una forma de ver. Ahí supe que este era mi camino”.
Referentes, mundos visuales y resonancias conceptuales
Alejandra se formó mirando de cerca el trabajo de Annie Leibovitz, Sebastião Salgado y Tim Walker. De ellos aprendió que una imagen puede ser un manifiesto, un clima emocional, un universo simbólico en sí mismo. También su formación en diseño dejó huella: la síntesis visual, la composición rigurosa, el modo en que la forma organiza el sentido.
En paralelo, la literatura de Pablo Bernasconi y la estética del dadaísmo, el Renacimiento y la pintura de Rembrandt moldearon capas más profundas de su mirada. “Todo eso convive en mi cabeza y aparece en mi trabajo de formas sutiles, a veces casi secretas”.
Una evolución marcada por la honestidad
Su obra fue transformándose con ella. Pasó de una búsqueda intuitiva a una construcción más consciente, sin perder jamás la frescura ni el juego. Con los años, su trabajo adquirió claridad conceptual: no solo imágenes que buscan agradar, sino imágenes que buscan abrir preguntas, mover algo interno, generar fisura en las certezas. La artista lo resume con precisión: “Quiero crear imágenes que sirvan, que ayuden a las personas a pensarse y a sentirse de otra manera”.
El proceso creativo como territorio emocional
Todo comienza con una corazonada, un insight filosófico o emocional. A partir de ese primer destello aparece la imagen mental que inicia el proceso. Luego llega una lluvia de ideas frenética, un torbellino creativo del que surgen los proyectos que realmente importan.
A partir de ahí, cada pieza se construye como una pequeña producción cinematográfica: selección de personajes o modelos, vestuario, escenografía, objetos simbólicos, iluminación, y demás aspectos.
Después viene la selección de las imágenes y, más tarde, la instancia final: color, textura, soporte, decisión de marco. Cada obra madura a su propio ritmo. A veces una idea nace en un segundo, pero su ejecución se despliega durante semanas o meses.
El entorno como detonante simbólico
Para Alejandra Arroyo, el mundo exterior es un cúmulo constante de estímulos. Una pared descascarada, una mesa servida o un gesto fugaz pueden convertirse en detonantes de una serie. El contexto emocional, lo que pasa en su vida y en el mundo, también permea su obra. “Mi trabajo es mi forma de dialogar con lo que me rodea y convertirlo en algo poético”.
La artista, se mueve entre la intuición que abre puertas y la planificación que las sostiene. Primero escucha la idea; luego organiza todo lo necesario para que esa intuición pueda expandirse con libertad. Y en el momento de producir, vuelve a entregarse a lo inesperado: “Muchas veces, lo más fuerte de la obra aparece en lo que no estaba planeado”. Aunque le interesa que cada espectador encuentre su propia lectura, Arroyo reconoce que trabaja con intenciones claras: cuestionar estereotipos, reflexionar sobre el tiempo, desarmar roles, desmontar lo que damos por sentado. Su obra busca sembrar, no dictar.
Exponer como acto de vulnerabilidad
La artista describe sus primeras exposiciones como una mezcla de vértigo y revelación. Sacar una obra del estudio implica exponer un mundo íntimo a ojos desconocidos. Sin embargo, ese gesto la transformó: encontró personas que se emocionaron, que vieron algo propio en sus imágenes, que cargaron consigo una sensación. Cada muestra le dio, además de visibilidad, una sensación profunda de pertenencia: “Cada vez siento que estoy en el lugar correcto, aunque el camino nunca es fácil”.
LIMBO: un universo en expansión
El proyecto que hoy ocupa su mayor energía es LIMBO, una serie que creció hasta convertirse en un lenguaje propio. En él explora estereotipos, roles heredados, tiempos suspendidos, escenas absurdas que revelan verdades incómodas. Actualmente, presenta piezas de LIMBO en Aqua Art Miami junto a GalleryLabs, marcando la internacionalización de este universo.
Arroyo imagina una gran exposición inmersiva donde el público pueda literalmente entrar en ese estado liminal: ese “entre” que define su obra. Sueña con que LIMBO crezca más allá de sí misma. Desea ser más libre, más valiente y honesta en su discurso. Y sobre todo, mantener la capacidad de mirar el mundo con la misma curiosidad que cuando era niña.
Su próximo proyecto gira en torno a un gesto sencillo y profundo: el abrazo. Quiere explorar lo que sostiene, lo que calma, lo que duele cuando falta. Intuye que allí hay una potencia emocional enorme. Alejandra Arroyo desea que la experiencia de observar sus obras deje algo vivo: una pregunta, un recuerdo, una afirmación o la certeza de que nadie está solo en lo que siente. “Si mi obra logra activar aunque sea un movimiento interno, entonces todo tiene sentido”.