Artículo publicado Noviembre 2025
Artículo publicado Noviembre 2025
El Museo Nacional de Arte Decorativo presenta “El fin es el principio” de Laura Orcoyen
Un recorrido sensorial que transforma los códigos del diseño en una poética sobre los ciclos de la vida
El Museo Nacional de Arte Decorativo (MNAD) inaugura “El fin es el principio”, una exhibición de gran escala dedicada a la diseñadora argentina Laura Orcoyen, figura clave del interiorismo contemporáneo en el país. Con curaduría de Wustavo Quiroga, la muestra propone un recorrido inmersivo que convierte las estancias históricas del Palacio Errázuriz Alvear en escenarios conceptuales donde el diseño, arte, filosofía y naturaleza se entrelazan.
Un diseño que piensa el mundo: la poética de los ciclos
La propuesta toma como eje la idea de que todo final contiene, en su interior, el germen de un nuevo comienzo. Desde esta premisa, Orcoyen despliega una lectura vitalista de los procesos de transformación: crecimiento, expansión, introspección, mutación y muerte como parte de un mismo ciclo orgánico. El diseño. más que un gesto funcional, aparece aquí como un lenguaje simbólico capaz de narrar lo invisible y de hacer tangible aquello que opera a nivel emocional y espiritual.
Cada sala funciona como una alegoría:
El living, construido como constelación, marca el inicio del recorrido con una reflexión sobre las conexiones humanas y los vínculos que nos orientan.
El bar es presentado como laboratorio alquímico, un espacio de transmutación donde la materia, líquida, lumínica o emocional, encuentra nuevas formas.
El comedor opera como plataforma de nutrición y hospitalidad, donde la mesa se transforma en territorio de intercambio y memoria.
El vestidor se concibe como espacio de cambio de piel, metáfora de la identidad en tránsito.
El jardín, núcleo expansivo del proyecto, articula un diálogo entre crecimiento natural, saberes botánicos y contemplación.
El aposento, ámbito íntimo y onírico, cierra el recorrido como refugio de imaginación y sensibilidad.
La muerte, integrada sin dramatismo, aparece como parte constitutiva de esta circularidad. Un conjunto de piezas y signos rituales aborda el tema desde la aceptación y la continuidad, despojándose de solemnidad para devolverle su dimensión transformadora.
Un entramado de colaboraciones que amplifican el sentido
Orcoyen incorpora a la muestra un grupo de artistas contemporáneas cuyas obras expanden el campo conceptual de cada ámbito. Elba Bairon, con sus esculturas orgánicas y sus figuras delicadas, introduce una dimensión híbrida entre lo humano y lo mineral. Leo Batistelli presenta piezas en porcelana que evocan antiguas máquinas alquímicas, articulando un diálogo entre ciencia, mito y materia. Esmeralda Escasany y Martina Quesada suman objetos escultóricos de fuerte carga simbólica, mientras Justo Sánchez Elía trabaja sobre la idea de alquimia familiar y procesos de transformación material.
La presentación de Juan Goyret, desde el arte digital, introduce una capa tecnológica que sostiene la relación entre lo tangible y lo etéreo. A estas colaboraciones se suma un programa performático dirigido por Flor Sánchez Elía y Fran Stella, cuyos gestos y acciones activan los espacios de manera ritual, incorporando la temporalidad del cuerpo al entramado museográfico.
El registro audiovisual de las performances, realizado por Ramón Miquelot, no sólo documenta la experiencia sino que se integra como una capa narrativa autónoma, prolongando la vida de la exhibición más allá del tiempo real de la visita.
Materialidades que cuentan historias
La estética de Orcoyen, reconocible por su paleta sobria y sus composiciones precisas, se vuelve aquí especialmente expresiva. Predominan el blanco, los materiales nobles y las formas depuradas, que nunca caen en el minimalismo vacío. cada elemento está cargado de significado. Hongos escultóricos, recipientes alquímicos, estanterías con extractos vegetales, estructuras metálicas y objetos diseñados por la artista conforman una constelación simbólica que combina lo ancestral con lo contemporáneo.
La iluminación, uno de los recursos más estudiados de Orcoyen, cumple una función estructural que acentúa texturas, dramatiza formas y modula la experiencia del visitante, transformando cada sala en una escena viva. En varios ambientes se incorporan capas digitales y dispositivos de realidad aumentada que intensifican la percepción sensorial sin desplazar la materialidad del diseño.
Un diálogo entre pasado y presente
La exhibición establece un puente directo con la colección histórica del MNAD. Destaca especialmente la presencia del proyecto inconcluso La muerte del poeta de Auguste Rodin, cuyo ingreso al Palacio Errázuriz se reactualiza en esta muestra como reflexión sobre la finitud, la memoria y la persistencia del gesto creativo. Este vínculo entre el patrimonio y la producción contemporánea refuerza la vocación del museo de habilitar lecturas renovadas sobre su propia historia.
Laura Orcoyen: cuatro décadas de sensibilidad y rigor
Con más de cuarenta años de trayectoria, Orcoyen se ha consolidado como una de las diseñadoras de interiores más respetadas del país. Reconocida por su sensibilidad poética, su precisión formal y su capacidad para articular diseño, artesanía y pensamiento, su obra trasciende lo decorativo para inscribirse en un territorio híbrido entre arte y filosofía. “El fin es el principio” es su primera exhibición museística de gran escala, un hito que reconoce su aporte al diseño argentino y su mirada comprometida con prácticas sostenibles, colaborativas y profundamente humanas.
Una invitación a habitar lo invisible
Más que una muestra, el proyecto propone una experiencia de contemplación y resonancia. Cada sala invita a detenerse, a percibir la sutileza de los gestos, a reconsiderar la relación entre espacio, materia y emoción. En un mundo marcado por la velocidad y la saturación visual la exhibición se erige como un llamado a recuperar un tiempo más sensible, donde el diseño se convierte en un puente hacia lo simbólico y lo esencial.
“El fin es el principio” puede visitarse del 12 de noviembre de 2025 al 3 de marzo de 2026, de miércoles a domingos, de 13 a 19 h, en el Museo Nacional de Arte Decorativo, Buenos Aires.