Nota publicada Noviembre 2025
Nota publicada Noviembre 2025
Ruth Asawa en el MoMA: La arquitectura de lo intangible
La retrospectiva dedicada a Ruth Asawa en el Museum of Modern Art constituye una reivindicación decisiva de una artista que expandió las posibilidades de la forma, el material y la percepción. A lo largo de un recorrido amplio y meticulosamente organizado, la exposición revela a una creadora cuya sensibilidad técnica dialoga con una visión profundamente humanista del arte.
El núcleo de la muestra está compuesto por las célebres esculturas colgantes de Asawa: entramados de alambre que redefinen la noción de volumen. Suspendidas en el espacio, estas formas se comportan como dibujos tridimensionales, trazos que delinean cuerpos permeables, vibrantes y en constante diálogo con la luz.
La curaduría acierta al permitir que las obras respiren. La distancia, la altura y el ritmo entre piezas refuerzan esa cualidad de “ arquitecturas del aire” que caracteriza toda la producción escultórica de Asawa. Cada elemento parece contener una tensión entre interior y exterior, entre la expansión natural y la contención geométrica.
Una práctica que excede lo escultórico
Lejos de limitarse al repertorio por el que es más reconocida, la exposición destaca otras facetas esenciales de su trayectoria; como dibujos y litografías, que trasladan la lógica de trama y repetición; las esculturas de bronce consolidan su compresión de la forma como organismos; las obras comunitarias y encargos públicos dan cuenta de su vocación social y educativa.
Este conjunto amplía nuestra percepción de Asawa como una figura que no sólo exploró materiales humildes con rigor e inventiva, sino que también concibió el arte como una herramienta de cohesión y transformación.
La exposición sugiere, aunque con cierta discreción, las implicaciones biográficas y políticas que atravesaron sus obras. Su experiencia como japonesa-americana internada durante la Segunda Guerra Mundial aparece como un trasfondo inevitable. Sin embargo, la muestra prefiere enfatizar la dimensión creativa y pedagógica de su práctica por encima de un relato explícitamente histórico o testimonial.
Esta elección curatorial tiene un efecto doble: por un lado, evita reducir su producción a la narrativa del trauma; por el otro, deja al espectador deseando un anclaje contextual más robusto que ilumine cómo esa historia personal se inscribe en su poética formal.
Lo más sobresaliente de la exposición es la manera en que activa la percepción. No se trata únicamente de ver objetos, sino de recorrer un paisaje sensorial en el que la luz, la sombra y la transparencia componen una coreografía silenciosa. Las esculturas de Asawa no se imponen, atraen. Su fuerza reside en la sutileza, en la inteligencia material que transforma lo cotidiano en una experiencia casi meditativa.
La retrospectiva del MoMA restituye a Ruth Asawa al lugar que le corresponde dentro de la historia del arte del siglo XX. Su obra no solo expande las definiciones de la escultura moderna, sino que propone una ética de la creación basada en la observación, la paciencia y la sensibilidad hacia lo esencial.
En un momento en el que la velocidad domina los modos de mirar, las piezas de Asawa nos invitan a recuperar el tiempo de la contemplación, el espacio del detalle y la profunda belleza de lo hecho con las manos.